Tuesday, 8 April 2014

A buenas (a)horas a duras (a)penas

Seguimos con el poder del ahora. O del ahorro. Ciertamente el tiempo parece dar más de sí cuando se está a la vez inmersa en él y tan fuera de su dominio que se pierde su noción.
Como observadora veo muy claramente lo que pasa. Cada vez es mayor el desgarro.

Hola, soy la parte conocida, la que siempre llega tarde, la que lo hace todo a la vez deprisa y corriendo, la que siempre se plantea cómo terminarán las historias de infinitas formas diferentes (y si no son diferentes, las repito enésimas veces, qué más da, la cosa es ocupar la cabecita), la que lo da todo y es maltratada, la que se agota las baterías para que la perdonen si llega tarde o si no llega.

Encantada de conocerte, o de poder hablarte desde aquí. Yo soy la parte desconocida. No sé qué más decirte todavía, pero me apetece que vayamos conversando un poco. Por ejemplo, hace unos meses compuse una canción preciosa y después fui a bailar y conocí a un chico encantador. Hacía mucho que no salía de casa, la última vez que recuerde haberlo pasado tan bien fue...en un campamento, en el 2007, trabajando al aire libre.

Ya, pero es que a mí no me gusta mucho salir. O sea, sí, me gusta, pero tengo que saber a dónde voy, no puedo ir así sin más. Y si me puedo preparar un tema de conversación, mejor. No quiero estar hablando siempre de lo mismo, ¿qué van a pensar? Si es que además soy una cría, quién va a querer hablar conmigo. Mejor simplemente sonrío y digo cosas graciosas.

Lo de las cosas graciosas me gusta, porque me hacen gracia y me gusta reírme. Los demás no están aquí, ¿por qué los nombras tanto? ¿Quiénes son? 

La verdad es que no quiero hablar más contigo, deja de preguntarme cosas, no me interesa.
Espera, hay algo que quiero saber...ese trabajo que solicitamos...¿fuiste tú o yo?

¿Acaso importa?

Es que si fuiste tú, no creo que debamos aceptar. ¿o sí? Porque nos viene bien el dinero, pero a la vez me da miedo perder lo que tengo y aceptar ese trabajo requiere paciencia y desprenderse de muchas cosas. Y es al aire libre, con sitios nuevos, gente nueva...  ¿Y si el casero nos sigue cobrando y no nos deja marchar? ¿Y si perdemos la oportunidad de dar clases en la universidad? ¿Y si perdemos al amor de mi vida? Además, seguir la dieta macrobiótica no va a ser moco de pavo... Parece una oportunidad perfecta para aligerar peso, en todos los sentidos. Dejar de actuar de una forma que nos vaya a garantizar oportunidades. ¿Acado este trabajo no es una de ellas? ¿Acaso el amor de tu vida no esperará un mes a que vuelvas, si es el amor de tu vida? ¿No estás cansada de mudarte y seguir llevando la piel vieja a cuestas? ¡Esta es tu oportunidad! Tres meses viviendo en una autocaravana, viviendo con poco y esencial (¿recuerdas?: lo esencial eres tú), ahorrando dinero y ¡al aire libre!

Sé que estás asustada, pero no hay nada que temer. No hay jueces que vayan a puntuar tus decisiones. Cualquiera que lo haga no merece tu atención. Necesitamos esto, y lo sabes. Pero te conoces y temes dejar de conocerte. Yo siempre estaré aquí, esperando a que me dejes hablar. Sólo puede hablar una a la vez y tú ya sabes lo que vas a decir. Si quieres un poco de misterio, emoción y pasión en tu vida, llámame de vez en cuando y no te defraudaré.

Duerme bien.

Monday, 7 April 2014

La savia que fluye, la sabia que deja que fluya y el "lo sabía"

La verdad es que últimamente estoy menos activamente positiva, pero creo que hay algo que está sucediendo dentro de mí. Hay un gran cambio y una parte de mí no está preparada para ello (sí que lo está, pero le da miedo desaparecer). Este cambio supondría que, en vez de tener que pensar en cosas positivas, simplemente me saldrían solas, porque no hay nada negativo en el momento de "ahora mismo". Estoy leyendo el libro de "The Power Of Now" y tiene mucho sentido. (Libro en pdf en inglés)

Resulta que me culpo demasiado de cosas del pasado y creo que tengo que abrirme puertas ahora para tenerlas en el futuro como opciones. La moraleja de la fábula de "la cigarra y la hormiga" ha hecho mella en muchas generaciones. La versión políticamente correcta sería algo así como: La cigarra tenía talento musical, era su naturaleza y lo que la hacía feliz. Y tanto que la hacía feliz, porque es lo que atrae a las hembras y permite la perpetuación de la especie. Mientras tanto, la hormiga obrera no tiene otro hobbie que explorar y volver al hormiguero. Falta la parte de que las dos especies disfrutan del momento y hacen lo que las realiza como especies. El error es compararlo literal y literariamente a la especie humana, con sus sentimientos de envidia o las connotaciones de que tocar un intrumento es más fácil que cargar cosas y moverse. Acabo de leer que los machos cigarra pueden incluso morir debido a la diferencia de presión en su aparato estridulatorio. También está el exoesqueleto de las hormigas que las permite cargar mucho más de lo que un ser humano podría en proporción. 

Una vez que sabemos esto, que cada uno está en su camino, cada especie es diferente y que cada ser humano tiene algo que le hace realizarse más que otra cosa, empieza a ser más sencillo dejar de juzgarlo todo. ¿Para qué juzgamos? Nos gusta calificar, nos hace sentir seguros. Por otra parte, nos condena y nos llena de subjetividades. 
¿No es necesario ser subjetivo, no es imposible acaso ser completamente objetivo? ¿Si dejamos de ser subjetivos, qué queda de nuestra "personalidad", quiénes seríamos? 
Ahí es donde me hallo, viendo mis pensamientos pasar en mi cabeza y creyendo que tengo que hacerles caso sólo porque están ahí. O decirlos en voz alta, para que los demás vean qué clase de persona soy (o para reafirmarme yo misma). 
Me da miedo pensar que voy a convertirme en una observadora y dejar de interactuar con el mundo. Observo ese sentimiento y lo llamo "miedo a pensar que me voy a convertir en una observadora y dejar de interactuar con el mundo". Empiezo a narrar cosas. A veces parece que todo va muy lento, si tengo que llamarlo a todo por el nombre de lo que es (pensamiento llamado "necesidad de llamar a todos los pensamientos que tengo por lo que son"). O si me rasco la espalda, me veo "forzada" a pensar que "me estoy rascando la espalda". Pero eso es tan obvio que llegará un momento en que sólo con sentir la presión y el alivio, ya sabré que está pasando y no necesitaré definirlo con palabras. Y así con todo. Veo el "miedo a perder vocabulario o expresividad" y la ansiedad en forma de "estoy moviendo las piernas repetidamente", pero esto es lo que es, no lo que fue o será. 

Miro alrededor y quiero cambiar cosas. No me gusta cómo están ahora. Hay demasiadas. Quiero que dejen de agobiarme. Pero, ¿por qué me agobian? ¿Qué las hace tan aprisionantes? ¿Es porque no están en orden? ¿Es porque tengo un plato encima de la mesa y entonces no puedo estudiar, porque para estudiar necesito un libro o un cuaderno en vez de un plato y necesitaría moverlo? Pero ahora mismo no estoy estudiando. Y puedo cambiar el plato de sitio cuando quiera. O dejarlo ahí y estudiar en otra parte. Lo importante es: ¿por qué estoy pensando en qué pasará cuando necesite estudiar si ahora eso no está sucediendo? 
Hablo de lo que pasa a pequeña escala, pero en mi cabeza, y en muchas, es aplicable a asuntos más "trascendentales", como: ¿qué haré durante el verano, necesito trabajar y para ello tendré que tener tiempo disponible, cómo lo organizo para levantarme a tal hora o comprometerme de esta forma, cómo prepararé las comidas, etc...?; o, ¿qué pasará cuando la ex-novia de mi novio venga a estudiar en el mismo departamento, debería pasar todo el tiempo posible con él ahora que estamos juntos y tratar de que todo vaya bien y esforzarme por estar de buen humor para que vea que esto funciona, etc...?
Paradójicamente, pensar en todo esto estresa tanto que se pierde el sentido del ahora. Veo el plato y me molesta por el potencial daño que está causando. Tengo celos de algo que no ha sucedido aún. ¿No es una locura? 
Así que, por más que nos hayan enseñado que planear tiene sus recompensas, creo que lo dejaré para lo que necesita ser planeado (por ejemplo, el material que se enseña en una clase) y ya. Lo demás no tiene sentido. 
He pasado días sintiendo una profunda soledad fruto de la proyección de mis peores miedos de rechazo social. Me forzaba a pensar que, si me enfrentaba a ello de esa manera (metiéndome de lleno en lo que puede ser, para que no me pille por sorpresa, como una vacuna que de repente te activa el sistema inmune saltándose todas las barreras primarias de defensa antes de llegar a la sangre (lo cual habría ocurrido en una infección siguiendo un proceso natural)), me hiciera inmune o más fuerte.
No, no funciona. Es una ilusión creer que podemos afrontar algo con predecirlo. Por supuesto que no estoy en desacuerdo con la práctica de simulacros de incendio, me parece útil saber cómo reaccionar en esa situación y tener una memoria física. Pero con las emociones, la proyección en el futuro causa ansiedad y sólo la veo útil como emoción. Sentir no es malo. "Siento ansiedad". Vale, ¿te gusta? ¿No? Pues deja que se vaya, porque si de verdad estás en el presente sólo hay un plato en la mesa o te vas de paseo con tu novio. No hay nada más. 
Nos gusta decir "lo sabía", pero casi que prefiero ser feliz y saltarme esa frase.
Siempre puedo decir "lo sé".

Duerme bien.